En contraste, el nivel de alta confianza entre los CEO en México se ha mantenido prácticamente inalterado. Esta resiliencia local se debe, en buena medida, a la sólida e histórica dinámica comercial con Estados Unidos. A pesar de los debates globales en torno a los aranceles, México se mantiene como uno de los países con las tasas arancelarias promedio más bajas del mundo, situándose incluso por debajo del piso general de aranceles del 10% propuesto en las agendas políticas estadounidenses más estrictas.
Asimismo, el ecosistema empresarial mexicano mantiene una expectativa de estabilidad respecto a la futura renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC o USMCA, por sus siglas en inglés), asumiendo que la integración comercial de la región continuará su marcha de una forma u otra sin disrupciones críticas. Los empresarios mantienen su convicción de seguir creciendo pese a los retos que conlleva la incertidumbre del contexto actual.
IA en 2026: del hype tecnológico al impacto financiero real
El desplazamiento de las prioridades de inversión en tecnología e IA confirma que las empresas en México están dejando atrás la fase de mera experimentación y pilotaje. En enero de 2026, el mayor desafío de las juntas directivas consistía en separar el hype publicitario de las oportunidades comerciales viables. Para mayo, el enfoque ha transitado hacia la necesidad de rendición de cuentas y medición del impacto financiero directo.
Hoy en día, las organizaciones líderes están distribuyendo su gasto de capital en tres vertientes clave: el rediseño del modelo comercial, la automatización y la reestructuración profunda de costos. Para lograr que estas inversiones generen valor medible en el estado de resultados y no respondan solo a una tendencia pasajera, los consejos de administración están implementando indicadores formales de retorno de inversión (ROI) para supervisar el impacto tecnológico con la misma rigurosidad que cualquier otra métrica financiera tradicional. Podemos anticipar que las organizaciones abandonarán los enfoques informales de evaluación tecnológica y que la prioridad radicará en diseñar métricas claras que vinculen directamente cada caso de uso de la IA con el estado de resultados y la productividad del negocio.