La regionalización recuerda en cierta medida al sistema internacional anterior a la Primera Guerra Mundial, en el que las principales potencias mundiales tenían esferas de influencia definidas. En este escenario, surge un orden geopolítico más complejo en el que los países se centran en los intereses económicos y de seguridad regionales. El mundo se ha rediseñado fundamentalmente para convertirse en un conjunto de economías regionales que siguen estando conectadas entre sí de alguna manera.
En este escenario, Estados Unidos y China acuerdan efectivamente un "gran pacto" para gestionar su competencia estratégica, que comienza a dividir el mundo en esferas de influencia. En su búsqueda de autonomía estratégica y en respuesta a este entorno internacional, Europa se aleja cada vez más de su compromiso tanto con los Estados Unidos como con China. Como resultado, se logra una mayor cohesión dentro del bloque. Otras potencias regionales de todo el mundo hacen lo mismo.
Las instituciones económicas regionales y los nuevos acuerdos comerciales se centran en impulsar la deslocalización cercana y la deslocalización hacia países amigos, fomentando que la producción adopte una orientación regional. Se prioriza la proximidad geográfica y la alineación estratégica tanto para la resiliencia de la cadena de suministros como para la sostenibilidad medioambiental. Se construyen nuevos corredores de transporte, redes energéticas y redes digitales para conectar de manera más fluida a los países dentro de cada región.
Las potencias regionales a veces utilizan la coacción económica o las presiones en materia de seguridad para afirmar su poder sobre sus vecinos más pequeños. La diplomacia entre regiones se vuelve más limitada y transaccional. Aunque se trata de una transición volátil, el resultado es un nuevo entorno geopolítico y de seguridad relativamente estable, aunque más complicado para las empresas que operan a nivel internacional.
Los países siguen dependiendo de otros países de todo el mundo para el suministro de una serie de bienes y servicios esenciales. Sin embargo, en general, las empresas de sectores considerados estratégicamente importantes por los gobiernos deben ajustar sus modelos operativos para prestar servicio a una región concreta. Por el contrario, el comercio de bienes no estratégicos, como los productos de consumo y las materias primas básicas, sigue fluyendo entre las regiones, lo que posiciona a algunos sectores para prosperar en este escenario:
- Productos de consumo: muchas empresas del sector ya han comenzado a regionalizar o localizar sus cadenas de suministros para reducir los plazos de entrega, mejorar la sostenibilidad y adaptarse a la demanda de los consumidores regionales y a los entornos normativos.
- Energía y servicios públicos: la mayoría de los servicios públicos ya operan dentro de regímenes y redes reguladores regionales y, tras las recientes perturbaciones geopolíticas, han elaborado manuales para garantizar la seguridad del suministro, el contenido local y la diversificación de proveedores.
- Productos químicos, petróleo y gas: las empresas de este sector ya operan a nivel regional debido a las realidades normativas, de materias primas y comerciales. A menudo están alineados con los clústeres industriales, mientras que las cadenas de suministros, especialmente en el sector químico, son intrínsecamente locales.
- Medios de comunicación y entretenimiento: Las empresas han adoptado un modelo de negocio "glocal", centrado en el streaming y con contenidos localizados, lo que les permite posicionarse de manera eficaz en un mundo caracterizado por un comercio relativamente libre y múltiples centros de poder regionales.