Comunicado de prensa
20 oct 2026 

CEPAL alerta sobre efecto histórico de El Niño en otoño-invierno, EY analiza los retos para la economía y las empresas

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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que El Niño continúa fortaleciéndose y podría alcanzar una intensidad histórica durante 2026-2027. El organismo advierte que sus efectos serían heterogéneos en América Latina y el Caribe, con impactos sobre el crecimiento económico, la pobreza, la inflación, los sistemas energéticos y la producción agropecuaria y pesquera.

Datos clave de la CEPAL1:

  • Existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte, es decir, uno de los niveles más intensos registrados históricamente. Para octubre-diciembre de 2026, la probabilidad de que alcance una magnitud histórica es de 75%, con un índice RONI (Relative Oceanic Niño Index) igual o superior a +2.5 °C, umbral asociado a eventos excepcionalmente intensos.
  • En un escenario conservador, un fenómeno extremo de El Niño podría generar una pérdida acumulada equivalente al 2% del PIB de América Latina y el Caribe. El impacto comenzaría desde la aparición del fenómeno, se mantendría durante los tres años siguientes y la mitad de la pérdida se produciría durante el primer año. 
  • Como consecuencia de la pérdida de ingresos, la pobreza podría aumentar hasta en 4.8 millones de personas hacia 2030, respecto de un escenario sin El Niño. La estimación considera incrementos potenciales de 2.5 millones en 2027, 3.8 millones en 2028, 4.4 millones en 2029 y 4.8 millones en 2030.
  • Para el trimestre octubre-diciembre de 2026, la probabilidad regional de déficit de precipitaciones se sitúa en 60%, mientras que 31.1% del territorio se encuentra en condición de alerta elevada, con probabilidades iguales o superiores al 80%.
  • Entre las cuidades analizadas, Lima presenta el mayor riesgo de aumento de la demanda eléctiva durante octubre-diciembre de 2026, seguidas por Sao Paulo y la Cuidad de México.
  • Durante El Niño de 2015-2016, alrededor de 3.5 millones de personas quedaron en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco Centroamericano, mientras que en algunas zonas de Haití las cosechas disminuyeron hasta 70%.
  • Las capturas pesqueras regionales cayeron 52.7% durante el episodio de 1972-1973 y 26.9% durante El Niño de 1997-1998, frente al promedio de los dos años anteriores a cada episodio.

A propósito de estos datos, Alfonso Gutiérrez, Socio de Climate Change and Sustainability Services para EY México, comenta:

Para las empresas de América Latina, prepararse para un fenómeno de El Niño que podría tener una intensidad histórica significa tratar el riesgo climático como un riesgo financiero y operativo de corto plazo, en lugar de considerarlo únicamente como un tema de sostenibilidad a largo plazo. Prepararse implica tomar decisiones oportunas e informadas por el riesgo, así como fortalecer la resiliencia antes de que ocurran las disrupciones.

Las empresas no necesitan contar con datos perfectos para actuar. Dado que la CEPAL estima una probabilidad del 75% de que ocurra un fenómeno de El Niño históricamente intenso, esperar a tener certeza absoluta podría significar reaccionar cuando los impactos ya se estén manifestando.

Para prepararse, las empresas deberían:

  • Actuar con base en las señales de riesgo existentes: identificar dónde las operaciones y cadenas de suministro son más vulnerables a inundaciones, temperaturas extremas, sequías, interrupciones energéticas o estrés hídrico, y establecer mecanismos claros de gobernanza y criterios de decisión para activar respuestas.
  • Fortalecer la resiliencia operativa: asegurar inventarios críticos, diversificar proveedores y rutas logísticas, garantizar el acceso a insumos clave, revisar las coberturas de seguros y actualizar los planes de contingencia.
  • Invertir en adaptación a largo plazo: incorporar la resiliencia en el modelo de negocio mediante inversiones estratégicas que reduzcan la vulnerabilidad y mitiguen el impacto de futuros eventos climáticos

En última instancia, la preparación no consiste en predecir exactamente qué sucederá, sino en garantizar que la organización pueda anticipar, absorber y responder a las disrupciones, manteniendo la continuidad de sus operaciones.

La diferencia entre las empresas que logran adaptarse exitosamente a eventos climáticos extremos radica en la forma en que utilizan la información climática. Aquellas que se adaptan con éxito consideran los datos climáticos como un insumo estratégico para la toma de decisiones, en lugar de verlos únicamente como un requisito de cumplimiento o de reporte.

A medida que los estándares de reporte de sostenibilidad bajo las normas NIIF S1 y S2 se incorporan cada vez más en América Latina, se incentiva a las empresas a identificar riesgos relacionados con el clima, evaluar sus posibles impactos financieros y analizar su resiliencia bajo distintos escenarios. Precisamente, este tipo de análisis resulta fundamental para comprender y gestionar riesgos asociados a fenómenos como El Niño.

Las organizaciones que evalúan de manera proactiva los riesgos físicos derivados del cambio climático están mejor preparadas para identificar vulnerabilidades, priorizar inversiones en resiliencia, fortalecer sus planes de continuidad del negocio y adaptar sus estrategias antes de que ocurran interrupciones. Cuando un evento climático extremo se materializa, estas empresas ya han identificado sus principales exposiciones y definido posibles medidas de respuesta.

Por el contrario, las empresas que posponen la acción suelen verse obligadas a gestionar las consecuencias en lugar de anticipar los riesgos, enfrentándose a mayores interrupciones operativas, costos más elevados e impactos financieros más significativos.

En última instancia, las organizaciones resilientes al clima convierten la información climática en una fuente de ventaja estratégica, mientras que aquellas menos preparadas terminan pagando el costo de reaccionar demasiado tarde.