La era humano-máquina estará marcada por nuevos recursos. La ventaja estratégica no solo se deriva de asegurar el acceso a estos recursos, sino también de replantear cada uno de ellos de forma novedosa.
El éxito se logrará replanteando el talento como una cartera de capacidades humanas y mecánicas. El aprendizaje continuo, tanto por parte de las personas como de las máquinas, se convierte en la palanca clave para optimizar el valor de este portafolio.
Sin embargo, a medida que se amplían las brechas de talento y se intensifica la escasez de mano de obra, la migración, replanteada como infraestructura económica, se convierte en un activo estratégico que requiere canales propios, inversión en capacidad de vivienda y diseño para los consumidores migrantes.
Mientras tanto, la confianza es cada vez más escasa y valiosa en una economía basada en la confianza en constante crecimiento. Las empresas obtendrán ventajas al replantearse la confianza, pasando de considerarla un desafío a verla como un activo que se puede medir, en el que se puede invertir, que se puede hacer crecer y monetizar a gran escala.
Por último, se está librando una nueva carrera por los recursos naturales tangibles e intangibles en tres ámbitos: la órbita terrestre, el Ártico y las profundidades marinas y terrestres. Los recursos en juego son tanto tangibles, como los minerales críticos, como intangibles, como las posiciones orbitales y las nuevas rutas marítimas.
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