Megatendencias de EY

Cómo la asignación de capital puede reequilibrar el capitalismo en un mundo en constante cambio

Ampliar los incentivos de mercado para reasignar el capital financiero, humano y natural podría generar más valor y mejorar la resiliencia.

En resumen
  • El capitalismo se encuentra bajo presión debido a la creciente concentración de la riqueza y al creciente descontento, especialmente entre las nuevas generaciones.
  • Seis ejes podrían reequilibrar el capitalismo, ampliando los incentivos para los participantes en el mercado y, al mismo tiempo, seguir confiando en las fuerzas del mercado para impulsar la asignación de recursos.
  • Muchos de estos cambios ya se están produciendo en determinados sectores de la economía mundial, pero se requiere la intervención de los gobiernos para ponerlos en práctica a nivel sistémico.

Este artículo es parte de la serie Megatendencias de EY.

El capitalismo está en pleno auge. Está haciendo exactamente aquello para lo que se lo incentiva. Asigna de manera eficiente el capital a las actividades que ofrecen la mayor rentabilidad financiera a corto plazo. Premia la escala y el dominio del mercado.

A largo plazo, el éxito del capitalismo no tiene rival. El mundo acaba de conmemorar el 250.º aniversario de la publicación de La riqueza de las naciones, de Adam Smith, obra en la que se planteaba un sistema en el que el interés propio de cada individuo, regulado por la competencia y el sentimiento moral, podía generar prosperidad colectiva. Poco después de su publicación, tras siglos de estancamiento, el PIB mundial per cápita comenzó a aumentar a principios del siglo XIX, pasando de 1.500 dólares estadounidenses en 1820 a más de 24.000 dólares en la actualidad1. La pobreza mundial ha disminuido paralelamente, pasando de afectar a alrededor del 87 % de la población mundial en 1820 a solo alrededor del 16 % en la actualidad2.

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    Sin embargo, en las últimas décadas, las grietas del sistema se han hecho más evidentes. La crisis financiera mundial de 2008-2009 puso de manifiesto los riesgos asociados a la ingeniería financiera y a la falta de transparencia. A raíz de ello, las protestas populares contra el capitalismo y la desigualdad económica ganaron adeptos. Las iniciativas para frenar el cambio climático ponen de manifiesto cómo el capitalismo externaliza —o incluso ignora— los costos que no están valorados por los mercados.

     

    Y hay indicios de que las nuevas generaciones no respaldan el sistema actual. De hecho, el 55 % de las personas de entre 18 y 34 años encuestadas en un estudio realizado en varios países afirma que el capitalismo, en su forma actual, hace más daño que bien3. Incluso en los Estados Unidos —a menudo, considerado como una economía capitalista de libre mercado líder— solo el 43 % de ese grupo de edad tiene una opinión positiva del capitalismo4.

     

    Estos problemas del actual sistema capitalista requieren una atención urgente en un mundo cada vez más no lineal, acelerado, volátil e interconectado (NAVI). En este contexto operativo, es fundamental desarrollar la resiliencia ante posibles perturbaciones. Sin embargo, los incentivos del capitalismo no están en consonancia con la resiliencia y la creación de valor a largo plazo.

     

    Esa falta de coordinación supone ahora un riesgo real. Tomemos como ejemplo las cadenas de suministros. A lo largo de la última década, las sucesivas crisis han puesto de manifiesto lo frágil que es la economía mundial. La pandemia de COVID-19, los conflictos geopolíticos y las perturbaciones provocadas por el cambio climático han puesto en tela de juicio el modelo de cadenas de suministros limpias y ajustadas en el tiempo. Las empresas aprendieron —a menudo de manera dolorosa— que la dependencia excesiva de un único proveedor o de una sola zona geográfica genera una vulnerabilidad sistémica. Muchas empresas han respondido diversificando sus cadenas de suministros y sacrificando algo de eficiencia en aras de la resiliencia.

    Sin embargo, en otros sectores de la economía la concentración ha seguido aumentando. El capital, la riqueza, el poder de mercado y las plataformas tecnológicas están cada vez más concentrados en un reducido grupo de empresas y personas, lo que deja al sistema expuesto a posibles crisis. El 0,001 % más rico posee tres veces más riqueza que el 50 % más pobre de la humanidad5. En los mercados, las diez principales empresas del índice MSCI representan el 25 % de la capitalización bursátil total6.


    Como señaló Larry Fink, Presidente y CEO de BlackRock, en su carta del presidente de 2025: «Los mercados, al igual que todo lo que construyen los seres humanos, no son perfectos. Son un reflejo de nosotros mismos: incompletos, a veces imperfectos, pero siempre susceptibles de mejorar. La solución no consiste en abandonar los mercados, sino en ampliarlos, en completar la democratización de los mercados que comenzó hace 400 años y permitir que más personas tengan una participación significativa en el crecimiento que se produce a su alrededor»7.


    Las presiones para llevar a cabo esos cambios se están intensificando. La fragmentación geopolítica se ha acelerado, y las intervenciones comerciales y las políticas industriales están reconfigurando los flujos mundiales de bienes, capital, talento e innovación. Las realidades demográficas están provocando una contracción de los mercados laborales en algunas regiones, mientras que en otras limitan las oportunidades. Hoy, solo el 52 %8 de los empleadores afirma que a su empresa le resulta fácil encontrar el talento internacional necesario para satisfacer las necesidades empresariales. Se están superando los umbrales climáticos y de biodiversidad, lo que convierte los riesgos físicos en costos económicos directos. Los fenómenos meteorológicos extremos han supuesto un costo para la economía mundial de más de 2 billones de dólares9 en la última década. Y la tecnología —especialmente la inteligencia artificial— está amplificando los efectos de red de la dinámica «el ganador se lo lleva todo» a un ritmo más rápido del que las instituciones pueden responder. Las «Siete Magníficas» (las mayores empresas tecnológicas orientadas a la inteligencia artificial) representaron el 33 %10 de la capitalización bursátil del S&P 500 y más del 40 % de su rentabilidad en 2025.

    Las mismas presiones que están poniendo a prueba el sistema están creando las condiciones para el cambio (y los primeros indicios de este). En las salas de juntas, los equipos directivos, los comités de inversión y las instituciones públicas, cada vez se reconoce más que la resiliencia, la diversificación y la creación de valor a largo plazo son más importantes que nunca. Las empresas están rediseñando sus cadenas de suministro. Los inversionistas están reevaluando el riesgo de concentración. Los gobiernos están reevaluando cómo el dinero público se traduce en resultados tangibles a largo plazo.

    A continuación, analizamos una de las vías por las que el capitalismo puede adaptarse y evolucionar. No se trata de descartar la idea de la maximización de las ganancias, sino más bien de complementarla. Los gobiernos se centrarían en inversiones a largo plazo en sus ciudadanos, en las infraestructuras y en sus economías. Los inversionistas distribuirían su capital de manera más amplia, haciendo hincapié en la diversificación, la resiliencia y las ganancias a largo plazo. Las empresas tendrían un mandato más amplio para maximizar el valor para todos los stakeholders. ¿El resultado? Un sistema capitalista reequilibrado en el que el capital y los recursos se asignan con el fin de optimizar la creación de valor a largo plazo.

    Evaluación del valor que genera el capitalismo

    Hoy en día existen muchas variantes del capitalismo en todo el mundo. Los sistemas capitalistas de algunos países cuentan con una mayor intervención gubernamental y una mayor participación estatal; otros cuentan con más medidas de protección y redes de seguridad social. A pesar de estas diferencias, existen puntos en común entre todos los sistemas capitalistas.

    Gregory Daco, EY-Parthenon Chief Economist, Ernst and Young LLP, define el capitalismo como «un sistema en el que las fuerzas del mercado determinan la actividad económica». «El capitalismo se caracteriza por la propiedad privada del capital, los mercados competitivos, los ajustes basados en los precios para equilibrar la oferta y la demanda, y la búsqueda del lucro como mecanismo de asignación de recursos».

    El capitalismo ha demostrado ser extraordinariamente eficaz a la hora de movilizar inversiones, fomentar la innovación e impulsar la eficiencia. La presión competitiva y las señales de precios animan a las empresas a innovar, reducir costos y destinar los recursos a sus usos más productivos.

    Sin embargo, Daco señala que «cuando el valor es a largo plazo, difuso o difícil de monetizar, puede dar lugar a una inversión insuficiente en resiliencia, sostenibilidad, capital humano e infraestructura social».

    Esto no es un fracaso del capitalismo en sí mismo, sino más bien un reflejo de cómo las estructuras de incentivos actuales determinan el comportamiento. Cada vez son más las dudas sobre si la estructura de incentivos del capitalismo es adecuada para su propósito.

    «El capitalismo tenía como objetivo resolver los problemas de la sociedad de manera rentable, no lucrar a costa de ellos. En algún momento del camino, perdimos esa distinción», explica Nadia Woodhouse, de la Unidad Nueva Economía de EY Global. «El problema no es que el capitalismo haya dejado de crear valor, sino que, debido a una extracción excesiva, las ganancias se han privatizado cada vez más, mientras que las pérdidas se han socializado. Ese desequilibrio está socavando ahora la legitimidad del sistema».

    Stasia Mitchell, EY Global Entrepreneurship and EY Entrepreneur Of The Year™ program leader, está de acuerdo. «El objetivo de una empresa no es maximizar los beneficios de forma aislada, sino resolver problemas reales de manera rentable, sin generar otros más graves».

    Cada vez más personas se preguntan si el sistema ofrece resultados que se ajustan a las expectativas en los ámbitos económico, social y ecológico. La confianza en las instituciones se está debilitando. Solo el 38 %11 de las personas, en promedio, cree que cuando los niños de hoy crezcan, estarán en una mejor situación económica que sus padres.


    Las generaciones más jóvenes, en particular, se muestran escépticas respecto a que el sistema actual las beneficie, un sentimiento que se vio reforzado por los importantes movimientos de protesta liderados por jóvenes que se observaron en múltiples regiones en 2025. En lugar de propiciar un crecimiento generalizado, existe la percepción de que el sistema parece frenarlo cada vez más. Esta combinación alimenta la ira, el populismo y las demandas de cambio, a menudo de forma contundente o desestabilizadora.

    Un capitalismo reequilibrado no rechaza los beneficios ni los mercados, sino que redefine el éxito de modo que los rendimientos financieros reflejen el valor económico y social real.

    Es importante destacar que estas críticas no suponen un rechazo total de los beneficios o de los mercados. Son más específicos. La maximización de las ganancias, cuando se desvincula de los resultados generales del sistema, genera cada vez más problemas de segundo orden —desigualdad económica, degradación ecológica, fragmentación social— que socavan la estabilidad, la prosperidad y la creación de valor a largo plazo.

    Como afirma Hans Stegeman, economista jefe del Triodos Bank: «El capitalismo ha tenido un éxito extraordinario en la acumulación de capital. Si el objetivo es el bienestar general, el éxito ha sido mucho menor. El sector financiero se ha desvinculado de los resultados económicos reales. Un capitalismo reequilibrado no rechaza los beneficios ni los mercados, sino que redefine el éxito de modo que los rendimientos financieros reflejen el valor económico y social real».

    Y hay ejemplos claros de que esto ya está ocurriendo. Algunas empresas resuelven problemas reales de manera rentable, incorporando un propósito, la resiliencia y la circularidad en sus modelos de negocio, al tiempo que se mantienen competitivas y generan beneficios a corto plazo. La Unidad de Nueva Economía de EY destaca varios casos prácticos de este tipo en «Más allá de la sostenibilidad de siempre» (pdf). Por ejemplo, el Banco Triodos, con sede en los Países Bajos, tiene un modelo de negocio basado en priorizar el impacto por encima de las ganancias. Y el fabricante mundial de pisos Interface invierte en innovación para integrar prácticas circulares y regenerativas a lo largo de todo el ciclo de vida de sus productos. Estos casos demuestran que el capitalismo puede funcionar de otra manera. Sin embargo, a nivel del sistema, siguen siendo excepciones y no la norma.

    Análisis de los escenarios futuros del capitalismo

    La respuesta, por lo tanto, no consiste en sustituir el capitalismo por un sistema alternativo. Se trata de identificar en qué aspectos el equilibrio se ha desplazado demasiado y cómo se podrían rediseñar los incentivos para restablecerlo. La cuestión no es si el capitalismo debe adaptarse, sino cómo y cuándo.

    Esto nos lleva a una pregunta de carácter práctico, más que filosófico: si el sistema actual ofrece exactamente aquello que sus incentivos recompensan, ¿cómo podrían cambiar esos incentivos —para las empresas, los inversionistas y los gobiernos— a fin de asignar el capital y los recursos de manera diferente?


    La respuesta no consiste en sustituir el capitalismo por un sistema alternativo. Se trata de identificar en qué aspectos el equilibrio se ha desplazado demasiado y cómo se podrían rediseñar los incentivos para restablecerlo. La cuestión no es si el capitalismo debe adaptarse, sino cómo y cuándo.


    Existen múltiples formas en que se podrían modificar los incentivos para dar lugar a diferentes sistemas económicos. En un escenario extremo, el aumento de la desigualdad, la dinámica impulsada por la inteligencia artificial en la que «el ganador se lleva la mayor parte», las crisis climáticas y la erosión de la confianza en las instituciones dan lugar a protestas sociales y revoluciones políticas, y, en última instancia, al colapso del sistema capitalista. Esta repentina convulsión destruye gran parte del valor que se ha creado.

    En otro escenario, los gobiernos persiguen los objetivos de la seguridad económica y la autosuficiencia de manera más decidida. La intervención gubernamental en las economías —incluidas las políticas industriales, las restricciones al comercio y a la inversión, y la creación de empresas líderes nacionales y empresas estatales— podría seguir aumentando en todo el mundo. Esto podría dar lugar a un sistema de capitalismo de Estado en el que los gobiernos dirijan la actividad económica o sean propietarios de importantes recursos productivos, mientras que el sector privado desempeñaría un papel menor en la creación de valor.

    Existe una tercera vía. Los incentivos podrían adaptarse —introduciendo otros nuevos y eliminando los obsoletos— para aprovechar el impulso ya existente hacia una asignación más diversa del capital y hacia inversiones de base amplia en capital financiero, humano y natural. Este capitalismo reequilibrado preservaría el papel central de los mercados y los precios, al tiempo que ampliaría aquellos componentes del sistema cuyos precios se fijan en dichos mercados. Además, ampliaría los incentivos relacionados con la asignación de capital para optimizar tanto los beneficios a corto plazo como la creación de valor a largo plazo.

    Este artículo analiza los ejes fundamentales que podrían hacer posible esta transformación del capitalismo.

     creating a colorful tapestry across the landscape, Lisse, South Holland, Netherlands.
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    Capítulo 1

    Ampliar los incentivos para reequilibrar la asignación de capital

    Tres cambios fundamentales en los incentivos y el comportamiento de los gobiernos, los inversionistas y las empresas permitirían reasignar el capital para la creación de valor a largo plazo.

    En la actualidad, el capital fluye de manera desproporcionada hacia un reducido conjunto de empresas, activos y sectores. Los datos financieros muestran que los portafolios mundiales siguen teniendo una fuerte ponderación en acciones, mientras que, dentro de este segmento, la capitalización bursátil se ha concentrado cada vez más. Las pautas de financiación de capital riesgo refuerzan esta tendencia: los fondos de capital y los montos de financiación han crecido más rápidamente que la creación de empresas, lo que ha provocado una concentración de la inversión12. Esta concentración se debe, en gran medida, a la percepción de que es necesario hacer crecer las empresas lo más rápido posible y al deseo de los inversionistas de obtener rendimientos superiores a los del mercado.

    Como señaló Larry Fink, Presidente y CEO de BlackRock, en su carta del presidente de 2025: «Estamos repitiendo un error de los primeros tiempos de las finanzas: la abundancia de capital. Se ha aplicado de forma demasiado restrictiva»13.

    Colm Devine, EY Global Vice Chair for Sustainability, está de acuerdo. «La asignación de capital presenta un sesgo no estructurado: tiende sistemáticamente a favorecer la expansión y la concentración».

    Hay tres ejes que podrían reasignar el capital de manera productiva. Estos cambios ampliarían los incentivos del capitalismo para complementar la maximización de las ganancias a corto plazo y la rentabilidad financiera con objetivos relacionados con la diversificación, la resiliencia y la rentabilidad a largo plazo. Estos incentivos adicionales permitirían que el capitalismo se orientara mejor hacia la creación de valor a largo plazo y ampliara las oportunidades a un abanico más amplio de personas, sectores y mercados.

    «Los mercados premian lo que miden», sostiene Witold Henisz, vicedecano y director académico de la Iniciativa de Impacto, Valor y Negocios Sostenibles de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. «Ampliar el concepto de lo que se considera valor modifica el destino de los flujos de capital. Debemos medir el valor total creado, no solo los beneficios para los accionistas, sino también el impacto sobre el capital humano y natural».

    Eje 1: la elaboración del presupuesto público pasa de una mentalidad centrada en el gasto a una centrada en la inversión

    El primer cambio de enfoque se da en la elaboración de los presupuestos públicos. Los indicadores tradicionales de sostenibilidad fiscal, centrados en los presupuestos, los déficits y los índices de deuda, no logran reflejar si el gasto público genera realmente un impacto positivo para los ciudadanos y la economía en general. Tal y como se analiza en un informe colaborativo elaborado por equipos de EY y el Foro Oficial de Instituciones Monetarias y Financieras (OMFIF, por sus siglas en inglés), los gobiernos podrían dar un giro para medir el valor vinculando los gastos en resultados concretos en el mundo real.

    Los mercados premian lo que miden. Ampliar el concepto de lo que se considera valor modifica el destino de los flujos de capital. Debemos medir el valor total generado, no solo los beneficios para los accionistas, sino también el impacto sobre el capital humano y natural.

    Como explica Mark MacDonald, EY Global Public Finance Management Leader y coautor de dicho informe: «El sistema actual asigna el capital de manera eficiente a corto plazo, pero tiene dificultades para vincular la inversión con los resultados socioeconómicos a largo plazo». Gran parte del gasto público se considera un gasto corriente en lugar de una inversión, y se prioriza la rapidez y la visibilidad en lugar del impacto a largo plazo.

    Este cambio de rumbo exige reasignar los recursos hacia resultados de mayor valor mediante la inversión en la capacidad productiva a largo plazo de un país. Por ejemplo, los estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que destinar al menos un 1 % del PIB a infraestructuras o educación, en lugar de a usos menos productivos, puede aumentar la producción entre un 1,5 % y un 3,5 % en las economías avanzadas14 y hasta un 6 % en los mercados emergentes y las economías en desarrollo. Un estudio similar realizado por EY prevé un aumento de la productividad y el crecimiento económico vinculados a la inversión pública en infraestructura tecnológica, lo que demuestra que dicha inversión genera un rendimiento de 3 a 115.

    Los responsables políticos podrían reorientar sus incentivos de esta manera incorporando un marco fiscal basado en la inversión en las finanzas públicas, como la elaboración de presupuestos vinculados a resultados y la contabilidad de capital plurianual para el capital tecnológico, las infraestructuras y el capital humano. También podrían analizar nuevos indicadores económicos —más allá del crecimiento del PIB— para demostrar su impacto, tal como se expone en la edición de 2020 del informe Megatendencias de EY (pdf).

    Si se reorientara la elaboración de los presupuestos públicos, pasando de centrarse en el gasto a corto plazo a adoptar una estrategia de inversión a largo plazo, se podrían mejorar los rendimientos económicos de los presupuestos públicos. Sin embargo, tal y como se analiza en el informe Global Economic Outlook de EY de 2026, en muchos países los gobiernos se ven limitados por el aumento de la carga de la deuda y el incremento de los gastos por intereses, lo que está agravando las presiones sobre los rendimientos de la deuda soberana y restringiendo la flexibilidad fiscal. La deuda mundial supera el 235 %16 del PIB mundial, lo que indica que la corrección tras la pandemia ha sido limitada.

    Como señala Aruna Kalyanam, EY Global Tax Policy Leader, podría ser necesario un cambio de enfoque en relación con la forma en que los gobiernos recaudan ingresos. «El sistema tributario es una de las herramientas más poderosas con las que cuentan los gobiernos para reequilibrar los incentivos; sin embargo, muchos sistemas tributarios no se han adaptado a la forma en que se generan los ingresos (incluso en el ámbito digital), a la forma en que la complejidad de las normas fiscales puede dificultar la recaudación de ingresos, ni al aumento de las necesidades de ingresos», afirma Kalyanam. «Por supuesto, el equilibrio entre los intereses de los contribuyentes y los intereses del Estado por promover el bienestar y la equidad siempre ha resultado complicado, especialmente cuando entran en juego cuestiones de competitividad».

    Existen tres formas básicas de ampliar los ingresos públicos para financiar inversiones a largo plazo: hacer crecer la base económica para recaudar más ingresos; mejorar el cumplimiento tributario dificultando la evasión fiscal, entre otras cosas mediante la coordinación entre jurisdicciones; o aumentar o introducir nuevos impuestos sobre la actividad comercial, los ingresos o el consumo. Por lo general, las subidas de impuestos son las medidas más difíciles de llevar a cabo desde el punto de vista político, aunque puedan contribuir a mejorar la equidad del sistema. Los responsables políticos de cada país deberían estudiar qué medidas son viables en cada jurisdicción, de modo que los presupuestos gubernamentales dispongan de los recursos fiscales necesarios para invertir en el fomento del crecimiento económico a largo plazo, dentro de un sistema que no resulte excesivamente oneroso en cuanto a cumplimiento normativo y complejidad.

    Otra forma en que los gobiernos con restricciones presupuestarias podrían financiar inversiones a largo plazo es seguir explorando el uso de capital privado para desarrollar la infraestructura económica. Sin embargo, el capital privado es más móvil y selectivo a nivel mundial que el capital estatal, y fluye hacia las jurisdicciones que ofrecen los mejores rendimientos de mercado ajustados al riesgo. Por lo tanto, es posible que los modelos tradicionales de asociación público-privada (APP) deban evolucionar hacia estructuras de financiamiento con capital privado más matizadas y de carácter comercial.

    Eje 2: los inversionistas equilibran las ganancias a corto plazo con los rendimientos a largo plazo

    El segundo cambio fundamental es una mayor visión a largo plazo por parte de los inversionistas. Algunos inversionistas ya cuentan con horizontes de inversión estructuralmente a largo plazo. Entre ellos se encuentran los fondos de pensiones, los fondos soberanos (SWF, por sus siglas en inglés) y numerosas oficinas familiares. Los fondos soberanos, en particular, se han convertido en inversores a largo plazo cada vez más importantes, y sus activos se han triplicado17 en los últimos 15 años. Sus objetivos a largo plazo hacen que muchos de estos inversionistas destinen capital a empresas y activos que generarán rendimientos financieros a lo largo de décadas, en lugar de trimestres.

    Los plazos de inversión más largos también son cada vez más habituales. En 2025, los períodos de tenencia de las sociedades de capital riesgo (PE, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos alcanzaron los 6,4 años18 en 2025, el más largo en dos décadas. A nivel mundial, el 61 %19 de las empresas respaldadas por fondos de capital riesgo llevan más de cuatro años en manos de sus propietarios, una cifra muy superior a la media de los últimos diez años, que se sitúa en el 53 %. Aunque puede haber múltiples razones que expliquen este cambio, este apunta, no obstante, a plazos de inversión más largos.

    Otros inversionistas están cambiando su enfoque para tener en cuenta factores que van más allá de la rentabilidad financiera a corto plazo a la hora de asignar su capital. Por ejemplo, la Encuesta de Inversores Institucionales de EY de 2024 puso de relieve que, durante los últimos diez años, se ha observado una tendencia creciente por parte de los inversores institucionales a prestar cada vez más atención a los factores ambientales, sociales y de gobernanza, y a incorporarlos en su proceso de toma de decisiones. Del mismo modo, una encuesta reciente de Morgan Stanley reveló que el 86 %20de los propietarios de activos prevé aumentar la proporción de sus portafolios destinados a fondos sostenibles en los próximos dos años, lo que supone un aumento con respecto al ya elevado 79 % registrado en la encuesta del año anterior.

    Los inversionistas están ejerciendo presión sobre los consejos de administración y la dirección para que presten atención también a las cuestiones de sostenibilidad, especialmente en Europa. En el estudio de EY de 2025 sobre valor a largo plazo y gobierno corporativo, el 91 % de las empresas europeas sintió la presión de los inversionistas para acelerar sus prácticas empresariales sostenibles, y el 78 % la sintió por parte de los activistas21.

    Esto significa que muchos inversionistas deben cumplir tanto con sus obligaciones a corto plazo como con estas crecientes expectativas a largo plazo. Como señala FCLTGlobal, esto significa que incluso el inversor con mayor horizonte temporal debe gestionar sus inversiones en múltiples horizontes temporales, a menudo sin contar con un apoyo sistémico ni con orientación sobre los indicadores a largo plazo22.

    Como señala el experto en estrategias de innovación Larry Keeley: «El cambio sistémico no surge de una sola innovación. Requiere cambios coordinados en materia de incentivos, responsabilidad, liderazgo y narrativa».

    Un cambio sistémico requeriría un giro en las políticas y regulaciones gubernamentales para institucionalizar algunos de estos comportamientos emergentes a nivel sistémico. Esto podría incluir fomentar períodos de tenencia más prolongados mediante normas de gobernanza y divulgación, armonizar la remuneración de los ejecutivos y las obligaciones de administración responsable con la creación de valor a largo plazo, integrar los factores de riesgo relacionados con la sostenibilidad en las normas sobre el deber fiduciario y la presentación de informes, y reducir las presiones del mercado a corto plazo. Estos cambios normativos podrían permitir que los nuevos comportamientos de los inversionistas se institucionalicen a nivel sistémico, en lugar de seguir siendo voluntarios o cíclicos.

    Eje 3: las empresas pasan de crear valor para los accionistas a crear valor para los stakeholders

    El tercer eje consiste en complementar los esfuerzos de las empresas por maximizar el valor para los accionistas con el valor para otros stakeholders. Las empresas siempre han tenido como objetivo principal la maximización de los beneficios. A partir de la década de 1980, en algunos mercados clave se impuso un enfoque exclusivo en la maximización del valor para los accionistas, lo que supuso un cambio radical con respecto a la forma en que la dirección había entendido sus objetivos en períodos anteriores. Para reequilibrar el capitalismo, sería necesario dar un giro en sentido contrario: pasar de un modelo centrado exclusivamente en los accionistas a uno que busque maximizar el valor para un conjunto más amplio de stakeholders. Esto incentivaría a las empresas a complementar los rendimientos financieros a corto plazo con rendimientos a más largo plazo en materia de capital financiero, humano y natural.

     

    La maximización del valor para los stakeholders no implica renunciar a la rentabilidad financiera ni al deber fiduciario que los ejecutivos tienen para con los accionistas. Más bien, significa complementar los indicadores actuales con una comprensión más integral de la creación de valor para cumplir con esos deberes fiduciarios a largo plazo. Los autores de «Green Gold», por ejemplo, ofrecen una metodología para calcular el valor financiero de los factores ambientales, sociales y de gobernanza, y demuestran cómo estos factores influyen en el valor financiero de las transacciones de fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés)23.

     

    Los modelos de gobierno corporativo y de propiedad también podrían adaptarse para tener en cuenta a un mayor número de stakeholders. Los modelos de participación de los empleados en la propiedad constituyen una vía posible para aumentar el valor financiero para los empleados, al tiempo que mejoran el capital humano y la retención de personal en la empresa. Estos modelos de propiedad también favorecen una mayor distribución de la riqueza y refuerzan la alineación entre la dirección y los empleados.


    Como sostiene Anna-Lisa Miller, directora ejecutiva de Ownership Works: «Desde 1989, la concentración de la propiedad de las acciones corporativas ha sido uno de los principales factores que han contribuido al aumento de la brecha de riqueza en Estados Unidos. Ampliar el acceso a esta enorme fuente de riqueza es esencial para los hogares de ingresos bajos a moderados, y la propiedad de los empleados es una de las formas más eficaces de lograrlo. Cuando los empleados tienen una participación en su empresa, el rendimiento mejora en todos los ámbitos: financiero, cultural y operativo».

    Los primeros datos recopilados en toda la red de Ownership Works indican que los programas de propiedad compartida dan lugar sistemáticamente a mejores resultados. Tras la implementación del programa, el 77 % de las empresas redujo la rotación de personal —en una mediana del 30 %—, mientras que el 75 % de las empresas observó mejoras en materia de seguridad. Cabe destacar que el 100 % de las empresas con propiedad de los empleados superó a las operaciones comparables en cuanto a tasas internas de rendimiento.

    Ya existe una tendencia entre las firmas de capital privado a hacer partícipes a más trabajadores de los beneficios de las empresas de su portafolio. Esta mayor participación de los trabajadores en la creación de valor del capital privado está consolidando la propiedad de los empleados en los portafolios, lo que contribuye a la expansión de estos modelos de incentivos alineados.

    Las empresas con certificación B —empresas tradicionales con obligaciones legales modificadas que las comprometen a cumplir con estándares más elevados de propósito, rendición de cuentas y transparencia— son otro ejemplo de este cambio de rumbo en la práctica. El número de empresas B a nivel mundial ha aumentado en 131 %24 entre 2007 y 2024. Además, las recientes revisiones del marco B Corp han elevado considerablemente el nivel de exigencia, haciendo que los requisitos de impacto sean más rigurosos y más exigentes desde el punto de vista operativo, lo que podría ayudar a explicar la menor tasa de crecimiento de los últimos años.


    Como sostiene Andrew Davies, CEO de Lab Australia & Aotearoa New Zealand: «El propósito de una empresa viene dado —la maximización de las ganancias— a menos que decidas lo contrario. Una declaración de propósito permite a una empresa perseguir un objetivo social al tiempo que genera beneficios. Les ayuda a comprender por qué están en el negocio; de lo contrario, el “por qué” se reduce simplemente a las ganancias».

    También son importantes otros mecanismos de gobernanza corporativa. Por ejemplo, los incentivos salariales para los ejecutivos vinculados a la creación de valor a lo largo de varios años, las acciones que se consolidan en función de indicadores de resiliencia y los incentivos que favorecen la reinversión de las ganancias en la empresa en lugar de la recompra de acciones podrían reorientar las decisiones de la dirección hacia resultados financieros a largo plazo y un crecimiento sostenible.

    Es importante destacar que ninguno de estos cambios de rumbo renuncia a los beneficios como objetivo de la empresa. Más bien, amplían el concepto de rentabilidad y creación de valor, pasando de centrarse exclusivamente en el valor para los accionistas a corto plazo a abarcar el valor para stakeholders tanto a corto como a largo plazo.

    Sin embargo, como explica Christopher Marquis, profesor de la Judge Business School de la Universidad de Cambridge: «Para que el cambio tenga éxito, necesitamos tanto al sector privado como al público. El sector privado puede aportar las innovaciones, elaborar modelos de negocio y demostrar la escalabilidad. Entonces, el sector público debe plasmar todo eso en políticas».

    Ya podemos observar algunos aspectos de este sistema de valores para los stakeholders en determinados mercados de todo el mundo. Los modelos de gobernanza en constante evolución revelan trayectorias distintas entre las distintas economías. Por ejemplo, Japón está avanzando hacia un sistema híbrido de gobierno corporativo que combina características orientadas a los accionistas y a los stakeholders. Los directivos dan prioridad al bienestar de los empleados antes que al de los accionistas, lo que suele traducirse en una reducción de los conflictos de intereses y los problemas de agencia25. Además, en varios países europeos, los comités de empresa defienden los derechos de los trabajadores en la empresa y participan en las decisiones empresariales fundamentales.

    Estos sistemas ofrecen ejemplos que los responsables políticos de otros países podrían aprovechar para reorientar sus propios marcos normativos y regulatorios con el fin de maximizar el valor para los stakeholders. Aunque los detalles pueden variar en cada jurisdicción, el objetivo sería armonizar las normas de gobierno corporativo y las reformas legales, de modo que se incentive a las empresas a medir la creación de valor en el capital financiero, humano y natural, tanto a corto como a largo plazo.

    Workers build the frame of a new house project.  Bare plywood and beams as it is framed up from the foundation.  High lumber costs have affected the building process.  Shot in Washington state, USA.  High angle drone point of view.
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    Capítulo 2

    Modificar los incentivos para reorientar la asignación de recursos

    La internalización de los costos externos y la inversión en infraestructura, innovación y talento pueden reorientar los recursos para fomentar la resiliencia y el crecimiento a largo plazo.

    La competencia geopolítica por el control o el acceso a los recursos escasos se está intensificando. Esta geopolítica de la escasez marca un cambio fundamental con respecto a la era de la globalización posterior a la Guerra Fría, en la que los países y las empresas optimizaban las cadenas de suministros en función de los costos y la eficiencia. Hoy en día, la optimización se centra en la reducción de riesgos y la resiliencia.

     

    Este cambio podría servir de catalizador para transformaciones más profundas en la asignación de recursos, incluidos los minerales críticos. Sin embargo, esto depende de la interacción entre las oportunidades económicas, la sostenibilidad y la gobernanza, tal y como se analiza en «Qué significa la caída de las fronteras para la carrera mundial por los recursos». Las presiones derivadas de la escasez también podrían motivar a los responsables políticos, los inversionistas y las empresas a reorientar su enfoque de tres maneras, a fin de invertir de forma diferente en los recursos en toda la economía.

     

    Eje 4: valorar las externalidades para preservar los recursos naturales

    El cuarto eje consiste en valorar las externalidades que se ignoran en el sistema actual. Tal y como señala la Unidad de Nueva Economía de EY, el Centro de Resiliencia de Estocolmo estima que el mundo ha traspasado siete de los nueve límites planetarios que definen el espacio operativo seguro para salvaguardar la estabilidad y la resiliencia de los ecosistemas, lo que pone en riesgo los recursos naturales de los que dependen tanto las empresas como los hogares.

     

    Los recursos naturales son finitos. Como explica Usha Rao-Monari, miembro de múltiples consejos de administración y ex subsecretaria general y administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): «El desafío consiste en crear incentivos que reconozcan que el aire, el agua y otros recursos naturales son finitos, al tiempo que se hace posible invertir en capital natural. La financiación combinada podría ser una solución si combina diferentes tipos de instrumentos aportados por los sectores público, privado y filantrópico, y si estas estructuras asignan el capital teniendo en cuenta la equidad».

     

    Por lo tanto, una de las herramientas más poderosas para dar un giro hacia la inversión en recursos naturales y contribuir a maximizar el capital natural consiste en incorporar en los mercados los costos de las externalidades negativas, tales como la contaminación del aire y del agua, así como el uso excesivo de los recursos naturales y las infraestructuras. Este cambio de enfoque reconoce que los precios son un elemento fundamental del capitalismo. Un mercado en el que los precios se ajustan para equilibrar la oferta y la demanda no solo es eficiente, sino también eficaz.

     

    La fijación de precios del carbono ilustra este enfoque. Desde 2005, la proporción de las emisiones mundiales sujetas a un impuesto sobre el carbono o a un sistema de comercio de derechos de emisión (SCDE) se ha multiplicado por cinco, aproximadamente26. El SCDE nacionalde China, por sí solo, amplió significativamente la cobertura mundial.


    En la actualidad, siguen existiendo algunos desafíos de implementación relacionados con los mercados de carbono. Como señala Colm Devine, EY Global Vice Chair for Sustainability: «Es necesario destinar cada año billones de dólares a la financiación climática para eliminar el carbono de la atmósfera. Para que estos mercados tengan un impacto a gran escala, deben ser interoperables entre jurisdicciones y avanzar hacia la estandarización y la integración de datos».

    Estos desafíos no son insuperables. Sin embargo, sí exigen que los responsables políticos establezcan normas y sistemas eficaces para fijar el precio del carbono y otras externalidades negativas (por ejemplo, la pérdida de biodiversidad, la contaminación o el consumo excesivo de agua) y para regular estos mercados. La implantación de mecanismos sólidos y obligatorios de fijación de precios del carbono permitiría que surgieran dichos mercados en las distintas jurisdicciones. No obstante, también sería necesaria una coordinación a nivel mundial para permitir la interoperabilidad de los sistemas de comercio de emisiones entre distintas jurisdicciones. El actual aumento de las tensiones geopolíticas dificulta el avance de las iniciativas multilaterales, pero es probable que dichos esfuerzos sean necesarios para proporcionar el respaldo sistémico que requiere este giro estratégico.

    Eje 5: invertir en infraestructura para potenciar los recursos humanos

    El quinto eje aborda las preocupaciones relacionadas con la desigualdad en el acceso a las oportunidades económicas mediante una mayor inversión en recursos humanos. Los mercados no pueden funcionar sin recursos humanos. Sin embargo, la población de muchos mercados desarrollados está disminuyendo o envejeciendo rápidamente. Y la Organización Internacional del Trabajo señala una tendencia estructural a la baja en la población activa mundial, y estima que la tasa de participación en el mercado laboral disminuirá aproximadamente 0,2 puntos porcentuales cada año27.

     

    Aunque la inteligencia artificial y otras tecnologías puedan permitir que la producción económica crezca con menos trabajadores, los recursos humanos seguirán siendo fundamentales. Una fuente de recursos humanos para algunas economías son los migrantes, tal y como se analiza en «Por qué la infraestructura migratoria podría ser la próxima ventaja competitiva». Esta infraestructura —que incluye los procesos de tramitación de visados, el reconocimiento de títulos, la vivienda y los sistemas de integración— determina si los países pueden convertir las presiones demográficas en una ventaja económica. La construcción de esta infraestructura requiere una acción coordinada entre el sector empresarial, el gobierno y la sociedad civil.

     

    La misma lógica y mentalidad de inversión pueden aplicarse a la infraestructura educativa para potenciar los recursos humanos futuros de una economía. Hay pruebas de que la educación ofrece un buen retorno de la inversión. El Banco Mundial estima que cada año adicional de escolarización genera un rendimiento de 9 % por año para cada persona28. A nivel macro, la tasa media mundial de alfabetización de adultos ha aumentado del 81 % en el año 2000 al 88 %29 actual, un avance que resulta fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades y ampliar las posibilidades de las personas.

     

    Al igual que en el caso de la infraestructura migratoria, las inversiones eficaces en infraestructura educativa pueden implicar la colaboración entre los sectores público y privado. Por ejemplo, Gastón Taratuta, ganador del EY World Entrepreneur of the Year (WEOY) de 2022 y fundador y CEO de Aleph, transformó la publicidad digital al conectar a las empresas de los mercados emergentes con las principales plataformas digitales del mundo. Además, Aleph invierte en programas educativos que ayudan a las personas de los países emergentes a desarrollar carreras profesionales en el ámbito de los medios digitales, un sector en crecimiento con una demanda de talento aún sin cubrir.

     

    Los sistemas de formación profesional de varios países europeos constituyen un ejemplo de una estrategia de inversión en recursos humanos de larga data que podría servir de modelo en otros mercados. Estos sistemas combinan el aprendizaje en el aula con el aprendizaje práctico y el trabajo, a través de colaboraciones entre centros educativos y empresas30. De este modo, ofrecen a los graduados una vía eficaz para incorporarse al mercado laboral, al tiempo que crean una fuente de talento cualificado para los empleadores.

     

    Para invertir adecuadamente en recursos humanos a nivel sistémico se necesitarían políticas y normativas que consideren los recursos humanos como una infraestructura económica fundamental. Esto guarda relación con el eje 1, relativo a la inversión de los presupuestos gubernamentales con vistas a obtener beneficios a largo plazo. Además de la inversión pública en educación, podría incluir marcos migratorios coordinados e incentivos para las alianzas público-privadas en materia de capacitación.

    Eje 6: invertir en innovación y talento para potenciar los recursos intelectuales

    El sexto eje consiste en reorientar los incentivos para fomentar una mayor inversión del sector privado en innovación y talento. Desde la crisis financiera mundial de 2008-2009, las empresas han disfrutado de unos costos de financiación históricamente bajos y de una sólida rentabilidad, pero la inversión neta ha sido escasa31. El análisis de la OCDE muestra que las empresas han destinado una cantidad significativa de capital a generar rendimientos financieros a corto plazo para los accionistas —mediante el pago de dividendos o la recompra de acciones— como consecuencia de los incentivos a corto plazo. Si las empresas decidieran centrarse en invertir en talento e innovación, sus recursos intelectuales se ampliarían, creando nuevas vías de crecimiento.

     

    Como se explica en «Por qué la inteligencia compartida redefinirá el talento», el proceso tradicional de gestión del talento —contratación, formación, retención y promoción— se diseñó para un mundo en el que las competencias evolucionaban lentamente y el trabajo era, en gran medida, predecible. Ese mundo laboral ya no existe. En un sistema capitalista reequilibrado se requieren inversiones más continuas y ágiles en recursos humanos.

     

    El mercado mundial de la formación empresarial —cuya valoración actual asciende a 352.660 millones de dólares32 y que se prevé que crezca a una tasa compuesta anual del 11,7 % hasta 2030— se está expandiendo ante la expectativa de los empleadores de que el 39 %33 de las competencias básicas de los trabajadores habrá cambiado para 2030. Las empresas que invierten en programas de capacitación integrales obtienen beneficios significativos, con unos ingresos por empleado un 218 %34 superiores a los de aquellas que carecen de iniciativas de capacitación formales.

     

    Del mismo modo,diversos estudios35 demuestran que el gasto en investigación y desarrollo (I+D) puede mejorar la reputación de una empresa y ayudarla a obtener una ventaja competitiva, lo que se traduce en una mayor rentabilidad y una creación de valor constante. La última edición del estudio «EY Top 500 R&D»36 reveló que las 500 empresas con mayor gasto en I+D habían incrementado dichas inversiones en un 6 % en 2024. Sin embargo, estos recursos no están distribuidos de manera uniforme. La intensidad de I+D (porcentaje del gasto en I+D con respecto a los ingresos) entre las empresas estadounidenses es, en promedio, del 7,7 %, mientras que entre las empresas europeas es solo del 5,7 %.

     

    Los responsables políticos podrían respaldar este cambio de rumbo reforzando y ampliando los incentivos fiscales para la I+D, apoyando modelos de negocio que incluyan la innovación a largo plazo y creando incentivos para la recualificación continua de la fuerza laboral, especialmente en lo que respecta a nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. La reforma de los marcos de gobierno corporativo para dar prioridad a la reinversión en talento e innovación frente a la ingeniería financiera a corto plazo también podría permitir que este giro hacia la inversión en recursos intelectuales se produzca a nivel sistémico.

     

    Gregory Daco, EY-Parthenon Chief Economist, destaca cómo esto puede manifestarse en el ecosistema de la innovación. «La creación de incentivos que contribuyan a difundir la innovación —entre ellos, el apoyo a los laboratorios universitarios y los centros de estudios, así como los incentivos fiscales para las empresas destinados a inversiones en I+D— puede ayudar a sentar las bases para una innovación y un crecimiento continuos en una economía».

     

    Auvergne-Rhône-Alpes, France
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    Capítulo 3

    Mayores oportunidades y creación de valor en un capitalismo reequilibrado

    Cuando el capital está menos concentrado, el espíritu emprendedor se expande, la confianza se fortalece y la productividad se acelera, lo que amplía la creación de valor en toda la economía.

    En conjunto, estos seis ejes podrían aprovechar el poder de las fuerzas del mercado para ampliar las oportunidades a más personas, empresas y mercados. Además, contribuirían a una creación de valor a largo plazo más resiliente, con beneficios en los ámbitos del capital financiero, humano y natural. Este reequilibrio del capitalismo generaría tres oportunidades clave.

    Oportunidad 1: el emprendimiento como motor de crecimiento

    La diversificación de la asignación de capital podría ampliar las oportunidades de financiación para los emprendedores. Las micro, pequeñas y medianas empresas ya desempeñan un papel fundamental en la economía mundial, ya que representan alrededor del 70 % del empleo total37. Solo en los Estados Unidos, las pequeñas empresas han generado más del 70 % de los nuevos puestos de trabajo netos desde 201938. Y dado que los emprendedores están muy vinculados a sus economías locales, pueden estar más al tanto de los problemas locales que pueden resolverse de manera rentable.

    «Los emprendedores son los catalizadores del reequilibrio entre el capitalismo y el impacto social. Convierten su propósito en soluciones escalables que generan valor a largo plazo», afirma Stasia Mitchell, EY Global Entrepreneurship Leader.

    Por ejemplo, la Dra. Kiran Mazumdar-Shaw, ganadora del EY World Entrepreneur Of The Year en 2020 y fundadora y presidenta ejecutiva de Biocon, se topó con el fracaso de los sistemas formales de financiación —bancos, mercados de trabajo y redes de capital de riesgo— durante su primera década como emprendedora. Sin embargo, ella llevó a Biocon a convertirse en la mayor empresa biofarmacéutica de la India, con más de 16.000 empleados, y capaz de suministrar a gran escala medicamentos asequibles y de alta calidad. La Dra. Mazumdar-Shaw defiende el «capitalismo compasivo», lo que refleja su convicción de que las iniciativas sociales deben integrarse en los modelos de negocio para generar valor sostenible.

    El espíritu emprendedor ya está cobrando impulso. En el conjunto de las economías miembros del G20, el porcentaje de personas de entre 18 y 64 años que participan en actividades emprendedoras en fase inicial casi se ha duplicado desde 2005. Además, el 95 % de los emprendedores espera que el éxito continúe, y la mayoría prevé un crecimiento y un aumento de los ingresos hasta principios de 2025, según el Barómetro del Ecosistema Emprendedor de EY de abril de 2025. Sin embargo, el acceso al capital es una limitación habitual. En Estados Unidos, por ejemplo, solo alrededor de un tercio de los emprendedores que buscaron financiación para su negocio lograron obtenerla39.

    Destinar una mayor parte de la asignación de capital a los emprendedores —especialmente, entre los grupos menos representados y en los mercados emergentes— puede convertir la innovación en creación de empleo y en nuevo valor, generando un efecto sinfín entre el capital financiero y el capital humano.

    Como explica Usha Rao-Monari: «Los emprendedores y el sector privado aportan dos activos fundamentales —el capital y la innovación— que pueden impulsar una transformación económica a largo plazo cuando se alinean con objetivos sociales más amplios».

    Oportunidad 2: la confianza se convierte en un recurso más sólido

    Tal y como se destaca en «Cómo replantear la confianza permite a las empresas afrontar el cambio y desbloquear el crecimiento», un estudio de EY revela que la confianza es el factor más importante que tienen en cuenta los consumidores a la hora de decidir si utilizan un producto o servicio, situándose por encima de la marca de una empresa o de una recomendación personal40. En un capitalismo reequilibrado, en el que las organizaciones optimizan los beneficios para todos sus grupos de interés, la confianza se convertiría en un recurso multiplicador y en una forma de capital intangible.

     

    El Barómetro de Confianza Edelman 2026 muestra que el miedo y la desconfianza tienen múltiples causas, entre ellas la geopolítica, los cambios tecnológicos y el aumento de la desigualdad41. El estudio concluye que las empresas pueden fomentar la confianza invirtiendo en proyectos comunitarios a largo plazo, asociándose con organizaciones inesperadas, fomentando la cooperación en la búsqueda de soluciones y promoviendo una cultura compartida entre los empleados, todo lo cual se asocia con los cambios hacia un capitalismo reequilibrado.

     

    Stasia Mitchell lo subraya: «Los beneficios siguen siendo esenciales para obtener resultados y mantener la relevancia, pero las condiciones para operar están cambiando por completo. La confianza depende ahora de demostrar a quién se preocupa realmente una empresa, considerando a los empleados como copropietarios y a las comunidades como ecosistemas que forman parte integral de la creación de valor, en lugar de como factores externos que deben gestionarse».

     

    A medida que evoluciona la fuerza laboral, las dinámicas de confianza también presentan un importante componente intergeneracional. Como se ha mencionado anteriormente, la mayoría de los jóvenes adultos no apoya el actual sistema capitalista. Para satisfacer no solo las expectativas, sino también las aspiraciones de las nuevas generaciones de trabajadores, empresarios y capitalistas, será fundamental fomentar la confianza entre generaciones.

     

    Como señala Larry Keeley, profesor de cursos de posgrado sobre estrategia de innovación en el Instituto de Diseño de Illinois Tech: «Las organizaciones deben articular una narrativa clara sobre lo que vendrá después, empoderando a los líderes de la próxima generación y reflejando cómo se gana la confianza con el tiempo a través de una dirección coherente y la autoría compartida del futuro».
     

    Oportunidad 3: aumento de la productividad

    Los estudios económicos han demostrado que la concentración financiera distorsiona las señales de los precios y concentra el capital en las grandes empresas. El aumento de la concentración observado en las últimas décadas se ha asociado con un crecimiento más débil de la productividad y con tasas de inversión en descenso42. Si los recursos financieros dejaran de concentrarse en un grupo más reducido de empresas dominantes, clases de activos o temas, las señales de los precios podrían funcionar con mayor precisión, orientando la inversión hacia un conjunto más diverso de empresas, activos y mercados.

     

    Esta reasignación permitiría a un grupo más amplio de empresas —incluidos los emprendedores y los nuevos participantes— acceder a capital, innovar y desarrollar ideas que mejoren la productividad y que, de otro modo, podrían verse privadas de financiación.

     

    Un sistema que amplíe el acceso al capital puede impulsar un mayor crecimiento de la productividad. Esto se basaría en los factores analizados en «Cómo el restablecimiento de la productividad redefinirá el valor», en el que la atención se centra en la calidad y la creatividad. Este cambio viene impulsado por la capacidad cada vez más crucial que tienen las organizaciones para convertir la información, los conocimientos y la innovación en valor económico sostenido, lo cual resulta especialmente eficaz cuando se combina con el auge de la empresa superfluida.

     

    En este contexto, las mejoras en la productividad no se traducen simplemente en ahorros de costos, sino que se multiplican a medida que las empresas reinvierten las ganancias en actividades de mayor valor. Es fundamental destacar que estos beneficios pueden destinarse a nuevas inversiones en talento y tecnología, tal como se analiza en «Cómo las tecnologías emergentes están haciendo posible la economía híbrida entre humanos y máquinas» acelere un sistema en el que las personas se centran en el criterio, la creatividad y la resolución de problemas, mientras que las máquinas se encargan de ampliar la ejecución.

     

    El resultado es un círculo virtuoso en el que una asignación de capital más diversificada impulsa la productividad, lo que a su vez financia la reinversión, lo que impulsa un crecimiento resiliente y la creación de valor a largo plazo.

    Turista contemplando la puesta de sol desde la cima de una montaña en Madeira
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    Capítulo 4

    La visión y el camino hacia un capitalismo reequilibrado

    Cómo transformar el capitalismo en un sistema basado en el mercado que optimice tanto a corto como a largo plazo y maximice el rendimiento del capital financiero, humano y natural.

    El sistema capitalista actual ofrece aquello que sus incentivos recompensan. Sin embargo, las crecientes presiones están poniendo de manifiesto las tensiones. Si los incentivos del capitalismo se alejan de lo que la mayoría de los stakeholders esperan ahora que este sistema ofrezca, pueden aumentar la fragilidad económica y la reacción negativa de la opinión pública, lo que destruiría valor en lugar de crearlo.

    Sin una supervisión creíble del poder digital, la reacción se intensificará, lo que alimentará las políticas contrarias al mercado y una regulación excesiva. La regulación adaptativa es favorable al capitalismo porque mantiene la aceptación social.

    Para distribuir el capital de otra manera y reequilibrar el sistema, sería necesario modificar los incentivos para los responsables políticos, los inversionistas y las empresas. Los seis ejes mencionados anteriormente pueden ampliar los incentivos que impulsan la asignación de capital y reorientar la asignación de recursos. Muchos de estos cambios de rumbo ya se están produciendo en determinados sectores de la economía mundial, lo que ofrece casos de prueba y la oportunidad de ampliarlos. Para que estos cambios fundamentales se produzcan a nivel del sistema, en muchos casos sería necesario modificar las políticas y normativas gubernamentales.

    Como señala Ravi Venkatesan, presidente de la Alianza Global de Energía para las Personas y el Planeta: «Regulamos las fábricas, las empresas de servicios públicos y los bancos. Pero aún estamos aprendiendo a regular las plataformas, los monopolios de datos, los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial. El objetivo no es una intervención autoritaria, sino la legitimidad, las medidas de protección y la confianza. Sin una supervisión creíble del poder digital, la reacción se intensificará, lo que alimentará las políticas contrarias al mercado y una regulación excesiva. La regulación adaptativa favorece el capitalismo porque preserva la aceptación social».

    Por lo tanto, reequilibrar el capitalismo requiere una colaboración más estrecha entre los sectores público y privado. El sector público puede crear el entorno propicio y ofrecer los incentivos necesarios para lograr el reequilibrio, mientras que el sector privado puede desarrollar nuevos productos y servicios que contribuyan a alcanzar los objetivos del gobierno y, al mismo tiempo, generen ganancias. Por ejemplo, la investigación y el desarrollo (I+D) farmacéuticos destinados al tratamiento de enfermedades crónicas pueden contribuir a que los ciudadanos no tengan que ingresar en el hospital y mantengan un empleo productivo, lo que genera valor tanto en términos de capital financiero como de capital humano.

    Un sistema capitalista reequilibrado no frenaría el crecimiento, sino que lo potenciaría. Esto supondría una transformación del capitalismo en un sistema basado en el mercado que optimice tanto a corto como a largo plazo, invirtiendo en un conjunto más diverso de recursos y maximizando el rendimiento de una gama más amplia de capital en las dimensiones financiera, humana y natural.

    Esta transformación podría impulsar el emprendimiento a gran escala, convertir la confianza en una fuente duradera de ventaja competitiva y reactivar el crecimiento de la productividad mediante una mejor asignación del capital y la colaboración entre personas y máquinas. Podría ampliar la participación sin sacrificar el rendimiento a largo plazo y reforzar la resiliencia sin renunciar a los beneficios.

    Adaptarse de manera proactiva a este conjunto ampliado de incentivos, antes de que las crisis obliguen a una corrección que podría resultar dolorosa, no solo podría ayudar a estabilizar el sistema en este momento, sino que también situaría a las economías y a las organizaciones en una mejor posición para invertir y crecer en el futuro.

    Qué significa esto para los líderes del sector público

    Los líderes del sector público se enfrentan hoy en día a un panorama mundial más fragmentado y competitivo, en el que la interdependencia económica se considera cada vez más un riesgo. Tal y como se analiza en el informe Perspectiva Geoestratégica de 2026 de EY-Parthenon, el resultado es que muchos gobiernos han recurrido al intervencionismo estatal para aumentar la resiliencia de las cadenas de suministros e impulsar la producción y la inversión nacionales, como parte de un cambio más amplio hacia la soberanía y la resiliencia económicas.

     

    Al mismo tiempo, es posible que los responsables políticos se enfrenten pronto a un punto de inflexión en lo que respecta al aumento del costo de vida y a la percepción cada vez mayor de la desigualdad en los mercados desarrollados y en desarrollo de todo el mundo. Estos factores están ejerciendo una presión considerable sobre los servicios públicos en un momento en que la carga de la deuda pública sigue aumentando, lo que pone a prueba tanto la sostenibilidad fiscal como la confianza de la ciudadanía.

     

    La transición hacia un sistema capitalista reequilibrado podría ofrecer a los líderes del sector público soluciones para ambos desafíos. Este cambio no consiste en ampliar el papel del Estado por el simple hecho de hacerlo, sino en reorientar los mercados hacia un objetivo público a largo plazo. Centrarse en la inversión pública que impulse la solidez a largo plazo de sus economías nacionales, al tiempo que se incentiva al sector privado para que innove e invierta en capital financiero, humano y natural, ampliaría las oportunidades para un mayor número de ciudadanos y fomentaría el dinamismo económico.

     

    La combinación de cambios normativos que resultan necesarios y adecuados variará en función de cada economía y sociedad. Los líderes del sector público deben analizar tres ámbitos normativos de manera integrada para determinar cómo reequilibrar el capitalismo en su ámbito de competencia.

    1. Gasto e inversiones públicas

    Los líderes del sector público deberían analizar los cambios necesarios en materia de presupuestación gubernamental e inversión en infraestructura de recursos humanos de manera conjunta. Ambos se refieren a cómo el sector público puede crear las condiciones necesarias para el crecimiento económico y la prosperidad a largo plazo en sus economías, al tiempo que mantiene la disciplina fiscal.

    • Inversión. ¿Cómo podrían modificarse los ciclos y procesos presupuestarios del gobierno para facilitar la incorporación de marcos fiscales basados en la inversión en las finanzas públicas? ¿Cómo podrían los líderes del sector público evaluar, atraer e incentivar mejor el capital privado y otras fuentes de financiación para financiar la infraestructura económica?
    • Apoyo de la ciudadanía. ¿Qué se debe comunicar a los ciudadanos y a los votantes sobre lo que estos cambios supondrán en cuanto a concesiones, plazos y resultados esperados?

    2. Sistemas tributarios

    Es probable que los cambios relacionados con las externalidades de los precios y la reasignación del capital de las empresas hacia la innovación y el talento requieran un nuevo análisis de los sistemas tributarios de los países. Los responsables políticos deben determinar si las políticas fiscales actuales incentivan adecuadamente al sector privado para que invierta en recursos naturales e intelectuales, al tiempo que se aseguran de que la equidad fiscal distribuya adecuadamente las obligaciones tributarias. Un sistema tributario eficaz, con leyes adecuadas, sencillas y justas que no supongan una carga excesiva, es fundamental para que los gobiernos puedan financiar las inversiones del sector público mencionadas anteriormente.

    • Incentivos. ¿De qué manera la normativa fiscal actual incentiva a las empresas a gestionar su capital, y qué cambios podrían ayudar a los responsables políticos a reequilibrar el capitalismo para que sirva a los objetivos simultáneos de promover el bienestar y el crecimiento económico?
    • Ingresos. ¿Proporciona el actual sistema tributario a los responsables políticos los ingresos necesarios para realizar inversiones a largo plazo en sus economías y en su población? ¿Cómo se deben gestionar los déficits para optimizar el gasto de manera que se cumplan simultáneamente los objetivos de promover el bienestar y el crecimiento económico?
    • Mirar hacia adelante. ¿Cómo se concilian las necesidades futuras de ingresos con el diseño de los sistemas tributarios?

    3. Normativa

    Como se ha señalado anteriormente, ya existen tendencias que respaldan los cambios de rumbo relacionados con las inversiones a largo plazo y el capitalismo de los stakeholders. Sin embargo, hasta la fecha, se ha tratado en gran medida de iniciativas voluntarias impulsadas por el sector privado. Los responsables políticos deberían plantearse cómo podrían adaptar sus marcos normativos para reequilibrar el capitalismo de una manera más sistemática.

    • Gobernanza corporativa. ¿Incentivan las normativas actuales sobre gobernanza corporativa a las organizaciones del sector privado a optimizar el capital financiero, humano y natural a largo plazo? ¿Qué aspectos de los sistemas de gobernanza corporativa de otros mercados podrían copiarse o adaptarse?
    • Deber fiduciario. ¿De qué manera se armonizan los incentivos y las obligaciones de los directores e inversores de las empresas con la creación de valor a largo plazo? ¿Cómo pueden las obligaciones fiduciarias integrar mejor la preservación del capital financiero, humano y natural tanto a corto como a largo plazo?

    Qué significa esto para los líderes del sector privado

    En la actualidad, los líderes del sector privado están llevando a cabo una reevaluación profunda de sus organizaciones para adaptarse al mundo NAVI y prepararse para un futuro marcado por la incertidumbre. Los beneficios y la eficiencia siguen siendo necesarios, pero ya no son suficientes. Los líderes que ignoran esta realidad corren el riesgo de abocar a sus organizaciones al fracaso.


    La tarea del liderazgo hoy en día no consiste en actuar con certeza, sino en girar el caleidoscopio para cambiar la perspectiva sin conocer aún la imagen final, y tener el valor de explorar nuevos modelos de negocio, estructuras de gobernanza y sistemas de incentivos antes de que la transformación se haga evidente.

     

    Dada la tarea que nos ocupa, es necesario que tanto la dirección como los consejos de administración hagan gala de liderazgo. Andrew Hobbs, EY EMEIA Center for Board Matters Leader, sostiene: «Las organizaciones necesitan que muchas personas remen en la misma dirección, ya que eso es lo que se requiere para mantener el “barco” en el rumbo correcto, con todas las olas y los icebergs que hay que sortear. Esto significa que los consejos de administración deben adoptar un enfoque más activo y centrarse más en la orientación estratégica. Esta transformación es responsabilidad de todos».

    Tres medidas determinarán qué organizaciones liderarán esta transformación y cuáles se limitarán a reaccionar ante ella.

    1. Anticipar el impacto de los cambios sistémicos

    Los factores clave relacionados con la elaboración de presupuestos gubernamentales y las externalidades de los precios exigen un seguimiento activo y un posicionamiento proactivo de la estrategia y el modelo de negocio de una empresa, lo que incluye la incorporación de estos escenarios en la planificación estratégica. Los líderes deben anticipar cómo estos cambios sistémicos podrían afectar a su organización y replantearse sus estrategias planteándose dos series de preguntas:

    • Contexto y disrupción. ¿Qué fuerzas del mercado y de la sociedad están configurando el ecosistema de la organización? ¿De dónde es más probable que provenga la disrupción?
    • Geoestrategia. ¿En qué mercados internacionales debería operar la organización? ¿De qué manera podrían influir la geopolítica, las dinámicas sociopolíticas y la regulación en esas decisiones?

    2. Estrategia de reasignación de capital

    Si los inversionistas pasan a incorporar indicadores no financieros y a largo plazo en sus decisiones de asignación de capital, y se desincentiva a las empresas de recurrir a la ingeniería financiera, los consejos de administración y los equipos directivos tendrán que replantearse la forma en que obtienen y utilizan el capital. Hay varios aspectos de su estrategia de capital que tal vez sea necesario replantear:

    • Estructura de activos. ¿Cómo deberíamos reestructurar nuestra base de activos para lograr un equilibrio entre la eficiencia y la resiliencia en lo que respecta al capital financiero, humano y natural?
    • Finanzas. ¿Cómo financiamos nuestra estructura de activos, teniendo en cuenta nuestro costo de capital, las expectativas de los inversionistas y las limitaciones de horizonte temporal?
    • Métricas. ¿De qué manera debería la organización medir el éxito más allá de los beneficios financieros a corto plazo? ¿Qué indicadores pueden reflejar el mantenimiento o la creación de capital humano y natural? ¿Cómo se puede medir la creación de valor a largo plazo?

    3. Cuestionar los modelos actuales de gobernanza y gestión del talento

    El cambio de enfoque hacia una mayor inversión en recursos humanos y la maximización del valor para las partes interesadas requeriría modificar las fuentes de talento a nivel mundial, el gobierno corporativo, los indicadores y la presentación de informes. Los líderes deberían evaluar modelos alternativos de gobernanza, tales como los modelos de propiedad de los empleados, las estructuras consultivas de las partes interesadas y la ampliación de las competencias de los consejos de administración. Los directores y la gerencia deben ponerse de acuerdo sobre las respuestas a varias preguntas:

    • Objetivo y ambición. ¿Cuál es el objetivo de la organización, tanto desde el punto de vista económico como social? ¿De qué manera se refuerzan (o se limitan) mutuamente esas ambiciones?
    • Enfoque estratégico y alineación. ¿Cuál de las prioridades de la organización es la más importante? ¿A qué stakeholders —incluidos los talentos y los inversionistas— se debe involucrar activamente?
    • Gobernanza corporativa. ¿Qué modelo de gobernanza es lo suficientemente resiliente como para absorber las crisis, pero a la vez lo suficientemente flexible como para adaptarse a un entorno operativo cambiante? ¿Cómo deberían adaptarse las estructuras de propiedad y de incentivos?
    • Liderazgo. ¿Qué se necesitaría para liderar, tanto a nivel personal como institucional, una transformación sostenida hacia un capitalismo reequilibrado?

    Otros colaboradores de EY en este artículo son Jessica Cunningham, Lakshita Chadha y Michael Wheelock.


    Resumen

    El modelo económico basado en la maximización de la escala, la eficiencia y la rentabilidad para los accionistas generó beneficios extraordinarios: avances tecnológicos, un aumento del nivel de vida y la salida de la pobreza de más de 1.000 millones de personas. Pero también afianzó la desigualdad y aceleró la degradación ambiental. En los últimos años, diversos fallos del mercado se han hecho más evidentes o han tenido mayores repercusiones. Ahora podría surgir un nuevo paradigma: un sistema económico reequilibrado que asigne el capital y los recursos con el fin de optimizar la creación de valor a largo plazo y amplíe las oportunidades a una gama más amplia de personas, sectores y mercados.

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