Diez años después: el verdadero reto del compliance en el Perú


A 10 años de la Ley N.°30424, el reto del compliance ya no es tener políticas, sino fortalecer la integridad.

Una empresa puede capacitar a sus colaboradores, contar con políticas actualizadas e implementar un modelo de prevención alineado con las prácticas de referencia internacionales. Aun así, nada de ello garantiza que las personas actuarán correctamente cuando enfrenten una decisión difícil.

Este es, precisamente, el gran desafío que enfrenta hoy el compliance. A diez años de la promulgación de la Ley N.°30424 - ley que regula la responsabilidad administrativa de las personas jurídicas en el proceso penal, el debate ya no se centra únicamente en la implementación de programas de cumplimiento, sino en su capacidad para influir en los comportamientos y fortalecer una cultura de integridad dentro de las organizaciones.

Del cumplimiento a la efectividad
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años de evolución normativa han transformado la conversación desde la implementación de programas de cumplimiento hacia la demostración de su efectividad.

Una década de transformación regulatoria

La promulgación de la Ley N.°30424 marcó un punto de inflexión en el tratamiento de la responsabilidad de las personas jurídicas en el Perú, alineando gradualmente al país con tendencias internacionales impulsadas por instrumentos como la Convención Antisoborno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y los modelos de responsabilidad corporativa desarrollados en los Estados Unidos, Reino Unido y Chile.

La Ley N.°30424 nació en 2016 con un alcance acotado, centrado en la responsabilidad de las personas jurídicas por cohecho activo transnacional. Desde entonces, el marco normativo se ha fortalecido progresivamente mediante la ampliación del catálogo de delitos, la aprobación de su reglamento, la emisión de los lineamientos de la Superintendencia de Mercado de Valores (SMV) y, más recientemente, la promulgación de la Ley N.°31740, que reforzó el enfoque basado en riesgos y consolidó el rol técnico de la SMV.

Un desarrollo relevante en la aplicación de la norma ocurrió el 2025 con la emisión del primer informe técnico de la SMV sobre un modelo de prevención evaluado en una investigación penal. Este caso permitió identificar algunos de los criterios que comienzan a cobrar relevancia al evaluar la efectividad de un programa de cumplimiento. Entre ellos, la SMV destacó aspectos como el compromiso y liderazgo del órgano de gobierno, así como la participación activa del directorio y la alta dirección en la supervisión del modelo de prevención. Este enfoque refleja una tendencia cada vez más clara: la discusión ya no se centra únicamente en la existencia de políticas y controles, sino en su capacidad para gestionar riesgos y demostrar resultados en la práctica.

La próxima década: tecnología, datos e inteligencia artificial

La tecnología también está empezando a transformar la manera en que las organizaciones gestionan el compliance. Más que reemplazar funciones de cumplimiento, la inteligencia artificial permitirá ampliar la capacidad de supervisión y análisis de las organizaciones. Su valor no radicará únicamente en detectar anomalías, sino en proporcionar señales tempranas que ayuden a priorizar investigaciones, identificar riesgos emergentes y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia.

 

A manera de ejemplo: La analítica de datos puede facilitar un monitoreo más continuo de transacciones, relaciones con terceros y patrones de comportamiento, mientras que la inteligencia artificial y el uso de modelos predictivos abren nuevas posibilidades para identificar señales tempranas de fraude, corrupción o incumplimiento que podrían pasar desapercibidas en revisiones manuales.

 

Integrar la tecnología a estos procesos de permitirá a las áreas de compliance evolucionar desde esquemas basados en revisiones periódicas hacia mecanismos de supervisión más dinámicos y preventivos. Bajo este enfoque, en lugar de identificar riesgos una vez materializados, las organizaciones podrán anticiparlos y actuar oportunamente mediante el monitoreo continuo de transacciones, terceros y patrones de comportamiento. Procesos como la debida diligencia, la gestión documental o la capacitación también podrán beneficiarse de mayores niveles de automatización y análisis.

 

Sin embargo, incluso en este escenario, el principal desafío seguirá siendo humano. La tecnología puede identificar alertas y proporcionar información para una mejor toma de decisiones, pero no puede sustituir el criterio ético ni la responsabilidad de quienes dirigen las organizaciones. En ese sentido, el futuro del compliance no dependerá únicamente de adoptar nuevas herramientas, sino de utilizarlas para fortalecer culturas capaces de promover conductas íntegras y prevenir riesgos de forma sostenible.

 

Diez años después de la Ley N.°30424, el debate sobre el compliance en el Perú ha evolucionado. Pero la pregunta ya no es cuántas políticas tiene una organización ni cuántas capacitaciones realiza cada año. La verdadera pregunta es si esas acciones logran influir en las decisiones de las personas cuando enfrentan presiones, incentivos o dilemas éticos reales. En la próxima década, las organizaciones que logren responder esa pregunta -con evidencia- serán las que estén mejor preparadas para gestionar riesgos, proteger su reputación y generar confianza sostenible.



Lo que la experiencia chilena puede enseñar

La experiencia chilena resulta útil como punto de referencia en la región, debido a que su régimen de responsabilidad penal de las personas jurídicas fue incorporado en 2009 y actualizado en 2023 con la Ley N.° 21.595 de Delitos Económicos que sanciona a quienes cometen ilícitos económicos con o sin representación de la empresa o entidad, siempre que actúen en el marco de la actividad de la persona jurídica o gestionando sus asuntos ante terceros.

Respecto a esta materia, Chile acumula más de 15 años de desarrollo práctico. Entre los elementos que distinguen a este modelo destacan:

Escrito por: 
Jorge Vio
Socio de Servicios Forenses y Riesgos de Integridad de EY Chile

Resumen

Diez años después de la promulgación de la Ley N.° 30424, el compliance en el Perú enfrenta un nuevo desafío: pasar del cumplimiento formal a la construcción de una verdadera cultura de integridad. Aunque las organizaciones han avanzado en la implementación de modelos de prevención, la efectividad de estos programas ya no se mide por la cantidad de políticas o capacitaciones, sino por su capacidad para influir en las decisiones de las personas.

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